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3 jun. 2014

EL ESPEJO, cuento de Carmen Nani

“Nunca estás conforme, es como si algo te faltara.  No sé, como una parte que siempre estás buscando”, me había dicho.
Su sentencia fue motivo suficiente para una más de nuestras peleas.  Pensándolo bien, algo de razón tenía.  ¿Para qué mudarme a una casa, si en el departamento estaba tan cómoda?  Además, era más seguro.  No le daría con el gusto.  No desandaría lo hecho.  Empecé a embalar.
Cada objeto me regalaba algún recuerdo.  Los sillones de pana bordó conjuraron a mamá:” ¡No se sienten en los sillones! ¡Son nuevos!”.  No pude evitar una sonrisa al encontrar el agujero que tan cuidadosamente habíamos camuflado con mi hermano. Ya todos dormían, bajamos con sigilo, nos apoltronamos en el sillón de pana bordó para encender sendos cigarrillos. Queríamos aprender a fumar.  Un brasa se desprendió de mi cigarrillo y fue a parar a la pierna de mi hermano, que chilló más de susto que de dolor.  Yo me ahogué con el humo pero me atraganté, al ver que el ascua sobrevivía para terminar en una esquina del sillón.  Aprendimos a fumar, pero no esa noche.  La pasamos probando distintas formas de disimular el oprobio.  Tan bien logramos hacerlo, que recién ahora, y por casualidad, lo volvía a ver.
El escritorio y el recuerdo de papá, siempre leyendo.  La lámpara que sólo iluminaba la parte izquierda de la cara, su imagen en penumbras. Más de una vez me pregunté si no tenía algún parentesco con “Poe” o con “Narciso Ibáñez Menta”.
Cada uno de los utensilios de la cocina, pero especialmente el cucharón, me retrotraían a mi infancia y al canto de “La Tona”.  Siempre tarareaba o entonaba las coplas de la “Tarara” de López de Vega mientras preparaba su sopa de verduras.  Mi boca desprendía fluidos salados, al mejor estilo “Pavlov” ante aquel delicioso recuerdo.
El espejo sin embargo, era especial.  Convocaba todos los recuerdos, los contenía.  Amigo fiel, testigo silencioso de los momentos más importantes de mi vida, me acompañaba ahora, una vez más, en esta aventura.  Lo cubrí cuidadosamente.  Un imperceptible temblor me hizo notar su fragilidad.  Puse especial esmero en protegerlo para evitar que se dañara en el ajetreo de la mudanza.  Una vez que el camión estuvo cargado, lo seguí en el auto.  No podía dejar de observarlo.  Sobresalía del resto de los muebles, como tratando de recordarme su presencia.
Mudarme de un departamento a una casa fue un gran cambio.  Tenía mucho más espacio y quizás por eso demoré tanto en acomodar todo.  Cuando creía haber ubicado los sillones de pana bordó, me daba cuenta que quedaban mejor en otro sitio y los cambiaba.
“Típico”, me hubiera dicho.  “Nunca te convence algo de entrada”, pero como seguíamos peleados, no lo había vuelto a ver.  Por eso supuse que no debía darle importancia a sus palabras.
Así transcurrió el tiempo, colgando adornos, descolgándolos. La cortina de vual en la ventana del living, la de a cuadros rojos en la cocina, hasta que le llegó el turno al espejo.  Lo coloqué como siempre, frente a mi cama.  Tuve la sensación de que me sonreía agradecido.
Me sentía feliz en mi nueva casa y me dispuse a disfrutarla.  Algo, sin embargo, me tenía inquieta.  ¿Sería en realidad una insatisfecha como él había proclamado sotto in voce? Recorría la casa, con una taza de café en la mano, cuando me di cuenta de que no, de que él no estaba en lo cierto. Había encontrado la causa de mi inquietud: el espejo.

Cada mañana me invitaba a mirarlo. Me   acercaba y contemplaba mi rostro, sin verme. Había algo más allá que no lograba descubrir.  ¿Tenía algún sentido andar sin sombra por un espejo? Era insensato pensar que mirándome en él encontraría las respuestas, o lo que me faltaba, lo que me llevaba a buscar siempre algo más. Sin embargo, lo hacía.
Una mañana, me decidí. Tenía que traspasar el espejo y descubrir qué había del otro lado. Tenía que saber si detrás de esta superficie especular se hallaba lo que tanto y desde hace tanto venía buscando.
Me acerqué lo más que pude. Apoyé la palma de mi mano derecha y empujé con fuerza. No pasó nada. Intenté entonces con las dos manos. Fue inútil. Cuanto más presionaba, el espejo me ofrecía más resistencia. Arrimé suavemente la nariz hasta que, al empañarse el espejo, ya no pudo ver mi cara. Algo me instó a probar otra manera de franquearlo. Cerré los ojos y con ambas manos acaricié su contorno. Después de un rato, mis dedos tropezaron con una pequeña muesca que presionándola, como había visto hacer en tantas películas, me permitiría acceder al otro lado. En ese instante volví a recordar sus palabras:
“Siempre buscando algo más. Espero que al encontrarlo, no te lleves la desilusión de tu vida”, les resté importancia y me decidí. Logré por fin vencerlo. Estaba del otro lado. Ahora sí esclarecería todos los enigmas.
Abrí los ojos. Allí estaba yo, armando el rompecabezas de mi vida, pero una vez más, faltaban piezas.
“Te lo dije o no te lo dije”, su voz me torturaba aún cuando jamás había pronunciado esas palabras.
Traté de encontrar las piezas que faltaban, en vano. Me di vuelta, mientras me preguntaba dónde estarían.

Me  sorprendí entonces, mirándome desde el otro lado, sin saber cómo traspasar el espejo, y con el resto de las piezas del rompecabezas en mis manos.

¡Que lo disfruten!
Carmen

16 comentarios:

Anónimo dijo...

me encantó!! bello, simple y muy imaginativo!! hasta huele bien!!
beso Juan N.

María Luz dijo...

Y siempre nos falta algo... o será que ya está, que somos completos, y no nos damos cuenta??Hermoso cuento!!

Lucía Benitez dijo...

REALMENTE CARMEN NANI ,TU IMAGINACION ACRECIENTA Y ANIMA LA MIA.LA BUSQUEDA EN EL ADENTRO Y AFUERA NO LLEGAN A NINGUN PUERTO SI SE ESTA VACIO.NO HAY LUGAR NI ESPACIO HABITABLE PARA EL INCONFORMISTA,NI SIQUIERA LA ESPERANZA QUE GENERA LA ILUSION DEL ALLAZGO.ME ENCANTO TUS COMPARACIONES (EJ.PAVLOV)QUE ESTIMULAN MI PENSAMIENTO Y LA CLARA NARRACION .FELICITACIONES!!!!

Marina dijo...

me sentí totalmente identificada... extraño nuestras pequeñas profundas charlas...hug!imposible no leerlo!

Humbeto dijo...

Muy Bueno... Carmencita, FELICITACIONES!!!!

Edith dijo...

que lindo Carmen!!!! dan ganas de seguir

Belén dijo...

Simplemente segui escribiendo por favor.

Raúl dijo...

Excelente..!!

Alejandra S. dijo...

Comparto el comentario de Edith, dan ganas de seguir leyendo. Besos y por supuesto que lo comparto!!!

Bercos Claudia dijo...

Felicitaciones amiga por continuar tejiendo tus sueños ! Me encanta verte asi

TITI dijo...

Siempre sorprendiendo con astucia, con un guiño para con todas las finas hebras que conjugan nuestros secretos, nuestro fuero íntimo....
Unica Carmen ! solo Unica!
Abrazo grande!!
Titi

Aldo dijo...

Gracias Carmen,
para mi, buenísimo el relato!!!

Graciela dijo...

Me gustó mucho Felicitaciones!!
Un abrazo Gra

Mónica dijo...

Gracias Carmen!
Qué bueno! Habías encontrado la sombra?
un beso grande!
Mónica

Piel de lechuza dijo...

¡Cómo hacer para agradecer tanto a tanta gente!Gracias a mi "fan" número uno: Titi, ¿cuándo te vas a dedicar a escribir, vos?
Un beso,
Carmen

Piel de lechuza dijo...

¡Cómo hacer para agradecer tanto a tanta gente! II
No voy a nombrar a cada uno, porque no me perdonaría un olvido...
Sepan que me sorprende cada comentario, lo agradezco y valoro sinceramente,
Un beso,
Carmen